SL al cine

El director francés Gilles Marchand explora un oscuro mundo virtual en su nuevo filme, ‘Black Heaven’, donde narra la historia de un feliz adolescente que, atraído por una chica misteriosa, va adentrándose cada vez más en un universo inhóspito pero a la vez tentador.

Todo empieza cuando Gaspard (Grégoire Leprince-Ringet), un adolescente sin preocupaciones, disfruta del verano en compañía de su novia y sus amigos. Hasta que, un día, se encuentra un teléfono móvil y cede a la curiosidad de responder una llamada. Así entra en contacto por primera vez con Audrey (Louise Bourgoin), una chica con inclinaciones suicidas que alumbrará partes ocultas de su personalidad.

En su segundo encuentro, Audrey le habla de un juego virtual, un trasunto de ‘Second Life’ en donde se hace llamar Sam. Arrastrado por su influjo, Gaspard la buscará en ese universo alternativo en el que los jugadores proyectan partes íntimas de su naturaleza.

En rueda de prensa, el director subraya que dicho mundo alternativo, que se intercala con la imagen real y funde a los personajes con sus avatares, está en la base de la película, no actúa como mero catalizador. “De hecho, hoy podemos vivir aventuras en mundos imaginarios que antes no eran posibles. Gaspar tiene la oportunidad de interactuar con personas delante de él. En el juego puede tener otro cuerpo, otra personalidad e interactuar con otras personas. No es de la vida física, pero no por ello deja de ser real”, ha indicado.

Según el director, que firma el guión junto a Dominik Moll, el anonimato de ese mundo virtual “también puede revelar partes ocultas” de la personalidad. “Gaspard, con el juego, descubre una parte muy diferente de sí mismo. Los inventos humanos, sean mejores o peores, siempre nos dan la ocasión de descubrir cosas nuevas sobre el ser humano”, dice.

En este juego de espejos entre ambos mundos, los personajes se mueven al borde de la tragedia, siempre influidos por la sombra del suicidio, un tema “tabú” que el director ha querido tratar, dice, con “profundidad”.  “Siempre me ha atraído y no quería abordarlo de forma superficial. Lo encontramos actualmente mucho, en países como Francia, Japón e Irlanda. No solo se produce por la desesperanza, sino que hay casos más novelescos, gente que se suicida en pareja o entre amigos, algo que me inquieta”, concluye el cineasta.

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